viernes, 5 de julio de 2013

LA CASA DE CARTÓN.


                    LA CASA DE CARTÓN.


Tiempo atrás nadie podría haber aceptado el hecho, que se pudiera vivir en una casa de cartón. Pero los tiempos cambian, y con ellos, los materiales de construcción. Cada día más personas, invierten en estas casas movidos por diversos motivos.
El más corriente, es lo económica que sale una casa de este tipo, son gratuitas, son desmontables, hasta cierto punto impermeables, fáciles de sustituir, y sobre todo es portátiles. Los fabricantes de estas casas, dejan a la imaginación del cliente, la forma que ha de tener, lo grande o pequeña que será, y obviamente, la comodidad que dará al cliente.
La distribución comercial de este producto, era un desafío al principio, ¿cómo introducir en el mercado estas casas, sin llamar mucho la atención, y que además fuera de uso internacional?.
Sería alguien experto en marketing, el que propuso su distribución y uso y que fueran usadas de modo inmediato. Pero se presentaba otra cuestión, ¿quién iba a querer estas casas, si ni siquiera se sabía cómo tenían que construirse?.
Un coco de esos que trabajan en multinacionales, ideó un plan que decía iba a ser infalible.  “Las casas no se pueden exponer en una exposición, esto está más que claro. Propongamos a las tiendas que venden cocinas, frigoríficos, máquinas de aire acondicionado y demás, que embalen esos productos dentro de esas futuras casas, los fabricantes agradecerán que lleguen más protegidos, y con solo un pequeño aumento de dinero en la cocina o el frigorífico, los destinatarios de estos, estarán más contentos al ver que su cocina llega en perfectas condiciones a su hogar. Se pueden poner asas, o practicarles pequeñas ranuras, para poder facilitar que se lleven a las casas”.
La idea cuajó al instante, todos los inversores estuvieron de acuerdo con el sistema, así se popularizó la distribución de esas casas. La mayoría de los consumidores de frigoríficos, no hacían uso de esas casas, pero estas, quedaban expuestas al lado de los contenedores de la basura, lugar bien visible para miles de personas las vieran, como si de una exposición se tratase.
El éxito fue tremendo, cada día pasaban personas que se quedaban admirados por esas magníficas casas, con carritos de supermercado, se las llevaban desde todos los puntos de la ciudad. Tal ha sido el éxito, que a menudo hay peleas, discusiones y hasta navajazos, por apoderarse de alguna de esas casas.
A pesar de esos enfrentamientos inevitables, hoy día quién quiere, puede alojarse en una de esas casas. Lamentablemente, es solo gente desahuciada de sus casas quién las usa, pero un día de esos que apetece salir de paseo, era verano, me acerqué a casa de un amigo a ver juntos un partido de fútbol, casi en la entrada de su escalera, observé como un señor bien vestido, estaba comenzando a desplegar su casa para pernoctar, le di las buenas noches y me pidió un cigarrillo.  “¿Qué, preparándose para dormir…”.  “Si señor, aunque la verdad, es que esto me viene un poco grande ¿sabe?, yo soy médico, sé de bisturíes, de sondas, de máquinas de rayos x, y ya ve, estoy aquí hecho un lio a la hora de disponer los cartones de forma coherente. No queda más remedio, hay que adaptarse, de una casa de doscientos veinte metros cuadrados, he pasado a esta casa de menos de un metro, afortunadamente es solo para dormir, luego durante el día, paseo y visito lugares que antes por motivo de mi trabajo no conocía siquiera”.  “No puedo creer lo que me está diciendo”.
Sacó del bolsillo trasero del pantalón su pase de hospital, y me enseñó, envueltos en un rollo de plástico, los diferentes títulos que a través de los años había obtenido. Habría sido una falta de delicadeza preguntarle porqué vivía allí, pero era obvio que se había quedado en la ruína.
No pude subir a casa de mi amigo, lo llamé desde el portal y le dije que me había salido un imprevisto.  “No haga usted eso hombre…”, me dijo el médico,  “Aproveche la oportunidad que tiene de conservar los amigos, piense que si algún día los pierde se puede encontrar como yo, con solo lo que lleva puesto, y una casa de cartón”.


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