miércoles, 27 de mayo de 2015

QUE LE VOY A HACER...


                                                  QUE LE VOY A HACER YO

Hay muchas opiniones que dicen que a veces uno es cómo lo han parido. Hasta aquí llego; lo que ya no termino de entender es, como y porqué de los mismos padres, unos hijos, nacen con carácteres tan diferenciados unos de otros. He no acudáis a la ciencia para que os den una respuesta, ellos tampoco lo saben, y si te dan alguna respuesta, te dan una respuesta de andar por casa.    Nadie conoce el desarrollo de un feto dentro del vientre de la madre. Eso es lo que te dicen y punto final, o también te argumentan que siempre ha sido así desde el comienzo del Homo Sapiens.
El caso es, que llegado a una etapa temprana de la vida, hablo de mí en concreto, las mujeres me han traído de cabeza y eso como poco, porque en ocasiones he tenido que esconderme debajo de las camas para no ser sorprendido por algún marido, o saltado de alguna ventana para no causar problemas a las mujeres con la que quedaba. No me enorgullezco de ello, el caso es que no puedo evitar esos peligros, siempre me han buscado ellas, yo nunca, palabra de honor.
Recuerdo ocasiones concretas en las que los maridos sospechaban de mí, pero no se atrevían a poner en un compromiso a sus mujeres, buena gente, de verdad, gente de honor, con cualidades que a mi me hubiera gustado tener pero que jamás podré desarrollar por culpa de ese carácter mujeriego que desde la cuna me ha perseguido. Yo le llamo a eso, la maldición de los malqueridos. No sé bien porque lo expreso así pero poneros en mi lugar; una mujer joven y hermosa, que confia por amistad de ti, que ambas familias son amigas y que le gusta tu forma de vestir, tus colonias y además te esfuerzas en hablar del modo más exquisita que sabes, porque la estudias, te invita a ir a su casa un día que no está su marido, que es viajante. Tiene algo que consultarte, y confía en uno porque sabe que eres un perfecto caballero.
Vas y te encuentras con una merendola de cuidado, ella recién bañada, ha dejado la puerta del baño abierta para que sientas el aroma de los productos que ha utilizado para la ocasión, no le ha dado tiempo a vestirse, sale a abrirte la puerta con un albornoz de medio muslo, poniéndose en la melena rubia, unas cuantas horquillas con las que sujetarse el cabelo y que destacan la medalla de su preciosa cara.   ¡Que puntualidad, no te esperaba tan temprano...!    Bueno, no hay problema, si quieres me paso más tarde.   No, que va, pasa pasa siéntate en el sofá que estoy inquieta por decirte algo que me tiene atosigada.   Tú dirás, soy todo oídos.   Verás, estoy pensando en dejar nuestro matrimonio, me parece que estoy aguantando demasiado, Antonio no hace más que viajar y la semana pasada, sin ir más lejos, me llamó desde Benidorm diciéndome que no volvería el fin de semana porque tenía pendiente un pedido importante que le iba a hacer un hotel, ¿tú que opinas?
Vamos a ver, ¿que tenía que contestarle? si chica creo que estás dejando pasar la juventud al lado de una persona, que no deja de ponerte los cuernos? no, yo no soy de esos. Entre café y pasta, le reformulé la visión que todo el mundo debería tener del matrimonio, la honestidad, la fidelidad, la franqueza de expresión... pero me interrumpió.   Tu mujer si que tiene suerte de tenerte siempre a su lado, a una persona como tú, no la dejaría escapar por nada del mundo. Sus ojos se llenaron de diminutas lágrimas y no pude más que tomar su linda cabeza entre mis brazos y besarle los cabellos.
Tres horas estuvimos haciendo cosas de las que no me arrepiento, ¿porqué debería de hacerlo? Mi mujer no se merece que le haga esto, paparruchas, ella no me lo haría a mí, mentira, me lo hacía. Lo que pasaba, era que yo callaba, porque sabía a ciencia cierta que ella perseguí intereses parecidos a los míos, puede que por otros motivos, pero eso, es muy dudoso juzgarlo. De aquella visita hubieron otras cuantas que iban con el mismo argumento, necesito consejo, me gustaría que me explicaras una cosa que no entiendo, tú que harías en mi lugar siendo como es mi caso una joven viuda con ganas de vivir...
Pues eso, por las razones que sean que ya he olvidado, he tenido bastantes encuentros en esa fase de la vida que para mí han sido inevitables, cuidado, siempre he respetado a las menores y jamás he hecho nada a nadie que no quisiera hacer lo que quisiera que le hiciese. Pero en el ínterin, la pregunta sigue volando por el aire, ¿que soy un humano, o un perdido? A lo peor es que sencillamente soy un perdedor, el que menos compromete es el que siempre tiene más que perder.

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