jueves, 27 de noviembre de 2014

EN LA OSCURIDAD DEL SALÓN


                                 EN LA OSCURIDAD DEL SALÓN



Está helando fuera, en las calles del pueblo, está llegando el invierno y en esta zona del país los otoños son invierno, en la otra punta del mapa. Los dos vecinos hablan de sus avatares en la vida, el ambiente y las circunstancias se prestan a ello. Ella es una mujer sensible y sincera, que reconoce estar anclada en sus recuerdos, eso de por sí no es malo, todo lo contrario, cuando has vivido muchos años, la mente se llena de nostalgias, de problemas pasados, de acontecimientos felices que han llenado la vida.
Él escucha y atiende, se identifica con esta mujer, los seres humanos compartimos muchas cosas que ignoramos, no somos iguales, eso por supuesto, pero dentro de nuestro ser, golpea con fuerza el corazón que nos alienta a seguir adelante, sea como sea y con quién sea.

Cae la noche de forma casi radical, la luz que poco a poco se ha ido apagando fuera, en las calles del pueblo, hacen que las pupilas de ambos se dilaten para captar la mínima luz posible. En este caso concreto la luz que los alumbra, es la de una lámpara de despacho, una bombilla de baja potencia, de poca luz que invita a desnudarse y seguir calientes dentro de este escenario. Los dos, una vez uno y otra el otro van desprendiéndose de su vestimenta, empieza el juego del saber el uno del otro, de recomendarse mutuamente sugerencias y sabores de la vida, llegan a estar desnudos, frente a frente, sentados frente afrente a un metro de distancia. Se van despojando de inquietudes, de lamentos que no les ha llevado a nada, se interrogan, se estudian, hay momentos en que los dos llorarían al recordar el otro, determinadas experiencias.

Reina la oscuridad en el salón, el instante propicio para hacerse confesiones, para inundarse del placer del intercambio de sentimientos, los dos vecinos entienden perfectamente la situación, es un hecho que los dos se necesitan, viven solos y están profundamente heridos. No son heridas que necesiten puntos de sutura, son heridas internas, que ningún médico pueda tratar, salvo la solución que cada uno de ellos debe determinar poner a sus inquietudes y deseos más profundos. Se dicen lo mucho que se aprecian, casi sin decirse nada que lo manifieste, se cuentan el mal que les mantiene en esta situación de espera, de desesperación, están ambos en off, sin saber muy bien, que pueden esperar del otro.

Cuando llegas a un lugar como este, rebotado de otro lugar, necesitas caer de pies en el suelo, no estar danzando como una bola lanzada al aire, a la buena de dios. Se explican cosas, se cuentan circunstancias extrañas para uno, raras para el otro, con la intención de acercarse cada vez más, de conocerse y quererse con absoluta lealtad, desean la dependencia mutua, que naturalmente trae el saber cómo es, el jugador que tienes ante ti. ¿Qué sino es la vida, más que un juego en el todos los humanos danzamos a tenor de la música que nuestros corazones tocan? Las pupilas ahora casi completamente dilatadas ven más que nunca, los dos vecinos se convierten en felinos que sin estar de caza salen juntos a ver como es la noche completa, durmiendo, descubrirán quizás, que la vida esconde placeres que van más allá de lo imaginado.

¡Me gustaría tanto haber estado presente en esta íntima conversación constructiva y valiente…! Intervenir no, esto queda para ellos, son los que se están descubriendo, los que cazan juntos, ideas, planes que no lo son de por sí, simplemente esperanzas nacidas de incertezas, de conspiraciones que nacen de querer algo sin saber muy bien porqué, ni cómo lograrlo. Parece un juego infantil, fácil y desmañado al mismo tiempo, que nace de mentes castigadas por el tiempo y la desmesura, de errores y aciertos.

Determinadas pastillas inducen al sueño, los músculos se relajan y les vencen, ahora es hora de observarse más que de hablar, de verse, mirarse a los ojos y desearse buenas noches, de dormir plácidamente, de desear con que quieren soñar ambos, dejar que pase esta noche, y esperar que llegue de nuevo el sol de la mañana si es que el hombre del tiempo acierta en las predicciones.
Para la noche, el mismo escenario, las mismas rutinas, los llevará seguro, a caminar otro trecho juntos, en este gran camino que todavía queda por recorrer. Se quieren como amigos, se deben ante todo respeto, bastante perdieron ya por sus andaduras anteriores, ahora el paso es más lento pero por otra parte más firme, no hay prisa, no tienen veinte años, cuando el corazón más fuerte aunque más inconsciente golpeaba sus cuerpos con metas diferentes.

El corazón cuando uno se hace mayor, hay que cuidarlo más, puede ser tan peligroso como cuando joven, pero el cuerpo no permite excesos, la mente no cabalga, solo camina, y lo hace con más sobriedad, con más calma, hay que aprovechar la oscuridad que les presta estos momentos, momentos que no aprecian los que son jóvenes, que ha manudo fustigan sus fuerzas a base de andar a ciegas, siempre con mucha luz porque todo lo tienen claro.

Ellos no, caminan con poca luz, desvelando poco a poco que es lo que quieren y como pueden llegar a obtenerlo sin herir los pocos sentimientos que les quedan, en la oscuridad del salón.



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