domingo, 7 de junio de 2015
CONSUMACIÓN
CONSUMACIÓN
Fue un espectáculo dantesco, la gente se agolpaba alrededor del reo al que se iba a ahorcar, unos divertidos porser la primera vez que iban a ver una ejecución de aquel tipo, siempre hay una primera vez para todo, en algunos casos estaba presente toda la familia, el padre quería que vieran las consecuencias que podía llevarles a la horca, si cometían algún mal digno de esa condena. El condenado, con las manos atadas a la espalda tenía los ojos perdidos en algún lugar, probablemente en su familia, en su mujer e hijos que dejaba, a la una viuda, y a los otros, huérfanos de padre. No se sabía de cierto quién había sido el asesino del bibliotecario, solo que al entrar la policía en tienda, lo habían hayado a él agachado al lado del muerto, apuñalado con ensañamiento.
Entonces no existían los métodos de hoy de toma de huellas digitales, lo alzaron del suelo entre tres o cuatro lleno de moratones y con la cara llena de golpes y dientes rotos, lo llevaron a la cárcel, allí también le dieron lo suyo, pasó algún tiempo hasta que lo aislaron de los demás reclusos, de otro modo lo habrían matado sin que se hiciera justicia. El juicio fue sumarísimo, el juez tenía que visitar dos condados más para dictar sentencias de muerte, posiblemente ninguno de los otros presos mereciera la muerte, pero estaban presos por una causa de asesinato, eso de por sí, ya colocaba la soga alrededor de su cuello.
Cuando la política de un pais es terminar con violaciones, asesinatos, robos etc..., la ley debía ser dura, para dar ejemplo. El caso del recién llegado al patíbulo, era un claro ejemplo de lo que se tenía que hacer con los malhechores, aunque en honor a la verdad, el que tenía más cara de miedo, era el propio verdugo, el verdugo se limita a hacer su trabajo, pero siempre, con determinados paréntesis de por medio. Efectivamente, toda la familia del condenado estaban en primera fila, su esposa con los ojos irritados de tanto llanto, que la había tenido en vela durante muchos días, los tres hijos cogidos a la falda de la madre excepto el mayor de ellos de catorce años, conocía a su padre muy bien y sabía que aquello, era una injusticia.
El jefe de la prisión, hizo un breve relato de los acontecimientos que casi nadie entendió, después hizo pública la sentencia, y junto al cura que no dejaba de rezar por el descanso eterno del reo dijo "Se te condena a morir colgado de la soga hasta que expires". Un gesto serio dirigido al verdugo dio paso a la última maniobra de la ejecución, se le puso una capucha negra sobre la cabeza, le pasó la soga de cáñamo alrededor del cuello y la tensó sin apretar demasiado, el peso del propio cuerpo la acabaría de estrechar hasta asfixiarlo o bien romperle el cuello.
Un hombre alto con un traje nuevo, bien afeitado y con sombrero nuevo miraba el espectáculo con aire risueño, jamás nadie lo había visto de esa guisa, pero nadie preguntó a que venía tanta gala. Era conocido por su mal humor y su caracter irrascible, reía tapándose la boca con la mano, como queriendo decir... de menuda he escapado de nuevo.
El jefe de la prisión le preguntó al reo si quería decir algo, el hombre contestó... "Os quiero esposa mía e hijos míos, no olvideis nunca lo que os he enseñado y cuidad de vuestra madre". Lo siguiente fue el tosco ruido del listón de madera que habrió la trampilla y el cuerpo del hombre que caía plomo sobre el vacío, a un metro del suelo, perdió uno de los zapatos y sus piernas se estremecieron durante unos segundos, después, el silencio se apoderó de la plaza pública y la gente se dispersó con caras serias. Casi nunca se hablaba de las ejecuciones públicas, salvo en casos en los que era evidente, que habían acabado con algún malhechor reconocido o buscado durante años por la justicia.
Que nadie crea que estamos hablando del Oeste americano, que nadie crea que esto ha terminado, todavía hoy en pleno siglo veintiuno, se sigue masacrando a familias por causas injustificadas, la justicia comete errores y con ellos se destruyen también familias enteras.
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