viernes, 4 de julio de 2014

VIVO.


                                                                VIVO


Es un día formidable este, una de esas mañanas, en las que el corazón salta dentro de uno, como si fuera un saltimbanqui. Brinca, salta y se alegra de haber acertado en la pirueta de la vida, estoy vivo. No sobrevivo, vivo, que es mucho más que sobrevivir.
Si bueno, es cierto, los problemas y asuntos que nos preocupan, no desaparecen de la noche a la mañana, pero ¡que puñetas… ¿qué importa esto?, has dormido poco o mucho, hasta puede que esta noche haya sido una de las más felices de tu vida!
Llegará un momento, en el que quizás no nos alegremos tanto como hoy, seguro que llegará, pero no hay que anticiparse, llegará, simplemente eso, y ya está. Pero hoy… hoy amigo mío, no me compadezcas, estoy exultante, que digo…, más que eso, jubiloso, tengo razones para ello. Va a venir a verme alguien, alguien con quién voy a compartir este día, no es un sábado cualquiera, que va, es “el sábado”.
Otros días de la semana, pasan con cierta monotonía, las horas pasan lentas, la desgana por hacer cosas, unas veces por no poder y otras por no tener…, me aplastan, me vencen. Me abandono ante la inmensidad de mi problema que no es tal, debe ser que lo veo solo yo, que soy pesimista, absurdo, jamás he sido este tipo de persona, los que me conocen bien, lo saben.
Pero ella… es lo más grande de la Tierra, me comprende, me soporta aunque sean unas horas, me estimula, aunque yo no sepa muy bien, que es lo que quiere de mí. Ya me está bien, junto a ella me siento útil, aunque sea para llevar al perro, mientras ella entra en las tiendas a comprar. Esos momentos que pasamos juntos son únicos, por ellos vivo, me afano, si puede ser, cocinar para los dos, que se lleve a su casa, un buen recuerdo de mí.
¡Me hace sentir vivo…! a veces acierto a esperarla en el balcón de mi casa, estoy fumando un cigarrillo y la veo llegar, ¡ahí está ya ha llegado…! Si puedo, bajo a ayudarla, siempre trae cosas inesperadas, detalles que me sorprenden, me da tres besos en los labios, entonces, el corazón vuelve a dar brincos de alegría. Es como si uno va a la feria, y le regalan un palo de azúcar, es una niñería lo sé, pero que quieres que te diga…
Mi perro se pone loco, no sabe como saltar, comienza a dar golpes de rabo que parecen latigazos, se va para la cocina como una liebre, corriendo, resbalando sobre el embaldosado. Se sienta, me mira fijamente y espera lo que ya sabe, un trozo de pan duro, y un vaso de leche en su bol de comer. Mientras, ella y yo hablamos de las novedades que a los dos nos han acecido durante los días de separación, el último día que nos vimos fue el martes.
Corazón loco, divertido y triste a la vez, la tengo pero no a mi lado siempre, ¡joder que infortunio el mío!, bien, no es hora de lamentarse, el caso es que está aquí conmigo, y que durante estas, horas procuro vivir para ella.
Cuando se marche sé que me quedaré hecho una mierda, pero fuera telarañas, ahora no por favor, ya llegará el momento. Lamentarse antes de hora, sería romper el encanto del instante, la delicia del momento, el respirar su aire, sentir el olor de su piel, coger su mano o su hombro mientras caminamos por la calle, ¡me enorgullece tanto!, que sin eso si que podría decirse que sobrevivo, pero no, vivo. Y vivo gracias a ella.


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