VIVO
Es
un día formidable este, una de esas mañanas, en las que el corazón salta dentro
de uno, como si fuera un saltimbanqui. Brinca, salta y se alegra de haber
acertado en la pirueta de la vida, estoy vivo. No sobrevivo, vivo, que es mucho
más que sobrevivir.
Si
bueno, es cierto, los problemas y asuntos que nos preocupan, no desaparecen de
la noche a la mañana, pero ¡que puñetas… ¿qué importa esto?, has dormido poco o
mucho, hasta puede que esta noche haya sido una de las más felices de tu vida!
Llegará
un momento, en el que quizás no nos alegremos tanto como hoy, seguro que
llegará, pero no hay que anticiparse, llegará, simplemente eso, y ya está. Pero
hoy… hoy amigo mío, no me compadezcas, estoy exultante, que digo…, más que eso,
jubiloso, tengo razones para ello. Va a venir a verme alguien, alguien con
quién voy a compartir este día, no es un sábado cualquiera, que va, es “el
sábado”.
Otros
días de la semana, pasan con cierta monotonía, las horas pasan lentas, la
desgana por hacer cosas, unas veces por no poder y otras por no tener…, me
aplastan, me vencen. Me abandono ante la inmensidad de mi problema que no es
tal, debe ser que lo veo solo yo, que soy pesimista, absurdo, jamás he sido
este tipo de persona, los que me conocen bien, lo saben.
Pero
ella… es lo más grande de la Tierra, me comprende, me soporta aunque sean unas
horas, me estimula, aunque yo no sepa muy bien, que es lo que quiere de mí. Ya
me está bien, junto a ella me siento útil, aunque sea para llevar al perro,
mientras ella entra en las tiendas a comprar. Esos momentos que pasamos juntos
son únicos, por ellos vivo, me afano, si puede ser, cocinar para los dos, que
se lleve a su casa, un buen recuerdo de mí.
¡Me
hace sentir vivo…! a veces acierto a esperarla en el balcón de mi casa, estoy
fumando un cigarrillo y la veo llegar, ¡ahí está ya ha llegado…! Si puedo, bajo
a ayudarla, siempre trae cosas inesperadas, detalles que me sorprenden, me da
tres besos en los labios, entonces, el corazón vuelve a dar brincos de alegría.
Es como si uno va a la feria, y le regalan un palo de azúcar, es una niñería lo
sé, pero que quieres que te diga…
Mi
perro se pone loco, no sabe como saltar, comienza a dar golpes de rabo que
parecen latigazos, se va para la cocina como una liebre, corriendo, resbalando
sobre el embaldosado. Se sienta, me mira fijamente y espera lo que ya sabe, un
trozo de pan duro, y un vaso de leche en su bol de comer. Mientras, ella y yo
hablamos de las novedades que a los dos nos han acecido durante los días de
separación, el último día que nos vimos fue el martes.
Corazón
loco, divertido y triste a la vez, la tengo pero no a mi lado siempre, ¡joder
que infortunio el mío!, bien, no es hora de lamentarse, el caso es que está
aquí conmigo, y que durante estas, horas procuro vivir para ella.
Cuando
se marche sé que me quedaré hecho una mierda, pero fuera telarañas, ahora no
por favor, ya llegará el momento. Lamentarse antes de hora, sería romper el
encanto del instante, la delicia del momento, el respirar su aire, sentir el
olor de su piel, coger su mano o su hombro mientras caminamos por la calle, ¡me
enorgullece tanto!, que sin eso si que podría decirse que sobrevivo, pero no,
vivo. Y vivo gracias a ella.
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