TIEMPO DE VINO Y ROSAS
¡Que
época aquella…! Nostalgias del pasado, que dejaron una profunda huella en esa
compañía de gentes iguales que nosotros, jóvenes que teníamos muchas
expectativas, unos de llegar a ser ingenieros, otros ferroviarios, inventores…
nos mostrábamos lo que sabíamos en cuadernos de notas, en pequeños diagramas
escritos en trozos de papel. Así, dicho sea de paso, impresionábamos a las
chicas que podíamos, con nuestra desarrollada cultura del diseño de máquinas
imposibles, alguno de nosotros tenía determinada cualidad en cuanto al dibujo
se refiere, a ese le tocaba a base compás y tiralíneas, segmentos y escuadras
que nos hacían felices.
Todo
quedaba en agua de borrajas, esa es la verdad, salvo alguno que otro, que se
tomaba en serio lo que estaba haciendo y tenía claras las ideas en la cabeza.
Si os he de ser sincero, para aquel tiempo yo estudiaba en una escuela de
Formación profesional en Hospitalet, y me gustaba ir a algunos lugares con los
amigos y amigas, discutir sobre temas de mecánica aplicada, nos rodeaban y las
invitábamos a tomar un cubata, o cualquier otra cosa que quisieran. Eso nos
daba la suficiente importancia para luego, acompañarlas a sus casas e
intercambiar unos besos y caricias que sabíamos, que a la próxima vez
tendríamos probablemente alguna que otra recompensa mayor.
Sí
eso fue lo que sucedió en algunos casos, en otros las cosas iban más aprisa, al
cabo de unas semanas ya veías a algunos, emparejados con algunas. Emparejados
para comprometerse hasta el punto de casarse, luego sé de algunos de ellos, que
con el tiempo no pudieron llevar a cabo sus sueños o sus objetivos lo mismo da.
Así algunos de ellos desaparecieron del mismo modo que aparecieron, el matrimonio
se disolvió y cada cual persiguió sus propios fantasmas.
Algunos
de nosotros nos volvimos alcohólicos, estábamos tan acostumbrados a ir al bar a
seguir debatiendo cuestiones relacionadas con nuestros logros, que no nos
dábamos cuenta de la esclavitud en la que estábamos cayendo. Algunas veces era
una botella o dos de tequila las que caían entre risas, otras eran de bourbon o
ginebra azul Bombay. Pasados unos pocos años, nos apercibimos que estábamos
arruinando nuestras vidas, sin norte al que acudir, sin propósito alguno en la
vida. Algunos perdimos hijos, otros, todo, esposa, casa e hijos, y acabamos en
las parcelas que están reservadas a los marginados.
¡Hay
aquellos días de vino y rosas…! Cuanto dieron de sí entonces, pero es que la
vida corre mucho, nosotros no teníamos la vida de la vaguedad que nos
embargaba, por otro lado nuestros sueño era ser eso, inventores, hasta hubo uno
que, cambió radicalmente sus parámetros y se hizo poeta, escribía pequeños
escritos románticos en una pequeña mesa sentado en la Rambla para los turistas,
sabía francés y eso le ayudó en algo, a conseguir vivir en una pensión barata
del barrio chino.
Ahora
que ya soy viejo, me pregunto todavía… ¿Qué es mejor, el vino o las rosas?
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