lunes, 9 de junio de 2014

EL NOMBRE DE ACERO.


                                             EL NOMBRE DE ACERO


No es un nombre común, y lo mismo que su nombre, él mismo no es común; es extraordinario.
Siempre he pensado, que los nombres dicen mucho de las personas que los llevan, seguramente me equivoco, porque alguna vez me he equivocado, ¡pero cuando he acertado… hasta me he felicitado!  Federado, es una de las personas a las que más he apreciado, digo apreciado, porque he querido ser su amigo sin éxito. Nunca, desde que lo trato, ha ido más allá de saludar a los que lo rodean, no creo que el motivo sea, que no quiera ser bondadoso o servicial, porque sin duda lo es, seguramente es su carácter, pero me da coraje no saber el porqué de esta actitud.
Solo sé que vive solo, una persona mayor, mayor con mayúsculas, setenta años, ¡pero que años bien aprovechados ha debido de vivir…!  Cuando entré a trabajar en el taller, donde él ya era una especie de leyenda, me pusieron bajo su supervisión. Ni siquiera levantó la vista del compás que usaba, para trazar unas circunferencias sobre una plancha metálica, el dueño del taller, don Dionisio, le dijo llegando por la espalda…  Federado, este chico te ayudará a partir de ahora, es un chico listo aprenderá rápido. Para entonces, yo tenía diecisiete años, poca experiencia en esta clase de trabajo, pero muchas ganas de aprender, mi padre siempre me decía que esa cualidad era la más importante para triunfar en la vida, querer aprender, y estar dispuesto a todo para ello.
Federado que estaba ajustando el compás a una nueva medida antes de hacer otro trazo, contestó   Bien, ¿ves estas pequeñas cruces que hay en el centro de los círculos?, pues coge este granete, marca justo en el centro, así a lo largo de toda la plancha.  ¿Para que son?   No hagas preguntas estúpidas ya lo verás.  Todavía no había visto su rostro, solo el perfil, luego, cuando le dio la vuelta a la plancha para marcarla por otro lado, he visto, que tenía todo el rostro marcado por la viruela, unas marcas profundas, crueles, de esta maldita enfermedad, que a tantas personas mató en otros tiempos. No me daba cuenta, pero sacaba la lengua de la boca con el fin de dirigir el granete, He oye, que con la lengua no vas a acertar mejor, escóndela dentro de la boca.   Me ruboricé, hago lo que me dice, solo quería hacerlo bien, pero ciertamente, la lengua no me iba a ser útil en este menester.   ¿Cuál es tú nombre chico?  Mi nombre es Francisco.  Ya, o sea Paco.  En casa, me llaman Paquito…  Pues yo te llamaré Paco ¿te parece bien?  Si claro, como usted quiera…  No, como yo quiera no, Paco es lo suyo, o Paquito como diminutivo, pero es cosa que te llame de una manera u otra, ¿qué dices?   Pues prefiero que me llame Paquito.
La jornada se ha pasado volando, nuevo ambiente, trabajo diferente… gente nueva. Cuando pasamos a los vestuarios después de sonar la sirena, Federado se acerca a mí, me dice…  No dejes que nadie te tome el pelo, para que no lo hagan ¿sabes lo que hay que hacer?  No señor.  Ignora a quién lo haga, a veces, la gente se aburre y lo pagan con los más débiles o los más vulnerables, ahora, tú eres el objetivo, el novato, no tardarán en dejarse ver.  Me duché y vestí con el atuendo de calle, allí dentro, se ensuciaba uno mucho, trabajaba con mono, después de ocho horas de trabajo, casi sin darte cuenta, salías de allí como si hubieras estado manejando una locomotora, negro como el carbón, tiempo después sabría porqué.
Salimos del taller casi al mismo tiempo Federado y yo, subimos la rampa de cemento que llevaba a la calle, hacía un frio del demonio. Federado, lleva en la mano una pequeña bolsa azul de plástico con las siglas de IBERIA, líneas aéreas, vestía camisa, chaleco y un traje que seguramente llevaba mucha tralla encima, pero, lleva unas magníficas botas de cuero grueso, negras, con una suela de cuero sólida, y muy gruesa también. ¡Que contraste!  Llegamos en silencio a una esquina, allí entre estas dos calles, tomamos caminos diferentes, yo caminaría quince minutos a pie hasta casa, a paso ligero, él cogía el metro para llegar a la suya, lo vi perderse por las escaleras del metro de la Plaza España.
He estado tres meses trabajando a su lado, casi sin decir palabra, rectificándome trabajos y haciéndome breves indicaciones otras, comienzo a conocer el trabajo bien, estoy a gusto a su lado, no entiendo como es que casi nadie lo soporta, supongo que es el desconocimiento de su personalidad.  Federado, mañana Paquito irá a trabajar a la sección de conservación de maquinaria.   Ni hablar, lo dejas aquí conmigo, me hace falta, búscate a otro.  El dueño del taller no ha contestado palabra, ha dado media vuelta, se marcha mascullando no se qué.  Gracias Federado, se lo agradezco mucho, estoy muy bien con usted.  Venga calla y trabaja, que vamos atrasados con las pruebas para la prensa.
Le cuento a mi padre como es este hombre singular, se sonríe, me dice que en los talleres mecánicos, la gente es así. Mi padre trabaja en otro taller, lejos de casa, no viene a comer, llega por la noche rendido, el pobre. Hay trabajo pero es duro y mal pagado, de manera que, debe hacer muchas horas extras para poder traer un sueldo decente a casa.  Paquito, pégate a los pantalones de este señor, te enseñará mucho del oficio.  No sé exactamente a qué oficio se refiere, pero mi padre me dice que por lo que le cuento, debe de ser matricero, un buen oficio que con los años desaparecerá, cada vez hay más maquinas que hacen el trabajo de forma automática.
Federado, a mis padres les gustaría conocerlo, ¿qué le parece si un sábado viene a casa a comer y pasamos la tarde juntos?, lo pasará bien, mi familia es muy agradable, no es que yo lo diga por decir…   No puedo, tengo cosas que hacer los días de fiesta.  Ahí se termina la conversación, no se lo he dicho en horario de trabajo, me podría haber soltado algún moco, he aprovechado el momento de salir del taller, camino de casa. A fuerza de insistir durante unas semanas, al final, ha aceptado, estoy jubiloso, es todo un logro para mí haberlo convencido.
Después de comer, Federado se ha ido abriendo un poco más, tiene muchas cosas en común con mi padre, es republicano, y mi abuelo que también lo fue, estuvo en la guerra de África, se sintió traicionado cuando algunos mandos que estaban en aquella guerra, se pasaron con Franco a la península, para dar el golpe de estado. Estos temas le han abierto el apetito de hablar, de esta forma conozco un poco mejor a mi superior en el trabajo, a Federado. Resulta que su nombre es puramente republicano, su padre sufrió el paso por las armas, lo fusilaron por haber puesto a sus dos hijos nombres republicanos, Liberio era su hermano mayor, murió en una refriega entre fascistas y republicanos cuando era muy pequeño, su madre murió en un penal, y herida en un pulmón por una bala, pero nunca se supo si fue una bala republicana o fascista. Apreta las mandíbulas cuando lo cuenta, luego añade…   Pero quedo yo, a mí ya no están a tiempo de matarme esos perros, moriré de cualquier otra cosa… pero esos, no me matarán. Levanta la cabeza, orgulloso, por un momento, me da la impresión que es un rostro de acero bruñido, como los que están expuestos en los pedestales de los museos, incluso las marcas de viruela esparcidas por toda su cara, le confieren un aire de dignidad, y junto a este nombre que tiene, seguro que tiene que haber una gran historia que algún día, con paciencia, descubriré.


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