EL
NOMBRE DE ACERO
No
es un nombre común, y lo mismo que su nombre, él mismo no es común; es
extraordinario.
Siempre
he pensado, que los nombres dicen mucho de las personas que los llevan,
seguramente me equivoco, porque alguna vez me he equivocado, ¡pero cuando he
acertado… hasta me he felicitado!
Federado, es una de las personas a las que más he apreciado, digo
apreciado, porque he querido ser su amigo sin éxito. Nunca, desde que lo trato,
ha ido más allá de saludar a los que lo rodean, no creo que el motivo sea, que
no quiera ser bondadoso o servicial, porque sin duda lo es, seguramente es su
carácter, pero me da coraje no saber el porqué de esta actitud.
Solo
sé que vive solo, una persona mayor, mayor con mayúsculas, setenta años, ¡pero
que años bien aprovechados ha debido de vivir…!
Cuando entré a trabajar en el taller, donde él ya era una especie de
leyenda, me pusieron bajo su supervisión. Ni siquiera levantó la vista del
compás que usaba, para trazar unas circunferencias sobre una plancha metálica,
el dueño del taller, don Dionisio, le dijo llegando por la espalda… Federado, este chico te ayudará a partir de
ahora, es un chico listo aprenderá rápido. Para entonces, yo tenía diecisiete
años, poca experiencia en esta clase de trabajo, pero muchas ganas de aprender,
mi padre siempre me decía que esa cualidad era la más importante para triunfar
en la vida, querer aprender, y estar dispuesto a todo para ello.
Federado
que estaba ajustando el compás a una nueva medida antes de hacer otro trazo,
contestó Bien, ¿ves estas pequeñas
cruces que hay en el centro de los círculos?, pues coge este granete, marca
justo en el centro, así a lo largo de toda la plancha. ¿Para que son? No hagas preguntas estúpidas ya lo
verás. Todavía no había visto su rostro,
solo el perfil, luego, cuando le dio la vuelta a la plancha para marcarla por
otro lado, he visto, que tenía todo el rostro marcado por la viruela, unas
marcas profundas, crueles, de esta maldita enfermedad, que a tantas personas
mató en otros tiempos. No me daba cuenta, pero sacaba la lengua de la boca con
el fin de dirigir el granete, He oye, que con la lengua no vas a acertar mejor,
escóndela dentro de la boca. Me
ruboricé, hago lo que me dice, solo quería hacerlo bien, pero ciertamente, la
lengua no me iba a ser útil en este menester.
¿Cuál es tú nombre chico? Mi
nombre es Francisco. Ya, o sea
Paco. En casa, me llaman Paquito… Pues yo te llamaré Paco ¿te parece bien? Si claro, como usted quiera… No, como yo quiera no, Paco es lo suyo, o
Paquito como diminutivo, pero es cosa que te llame de una manera u otra, ¿qué
dices? Pues prefiero que me llame Paquito.
La
jornada se ha pasado volando, nuevo ambiente, trabajo diferente… gente nueva.
Cuando pasamos a los vestuarios después de sonar la sirena, Federado se acerca
a mí, me dice… No dejes que nadie te
tome el pelo, para que no lo hagan ¿sabes lo que hay que hacer? No señor.
Ignora a quién lo haga, a veces, la gente se aburre y lo pagan con los
más débiles o los más vulnerables, ahora, tú eres el objetivo, el novato, no
tardarán en dejarse ver. Me duché y
vestí con el atuendo de calle, allí dentro, se ensuciaba uno mucho, trabajaba
con mono, después de ocho horas de trabajo, casi sin darte cuenta, salías de
allí como si hubieras estado manejando una locomotora, negro como el carbón,
tiempo después sabría porqué.
Salimos
del taller casi al mismo tiempo Federado y yo, subimos la rampa de cemento que
llevaba a la calle, hacía un frio del demonio. Federado, lleva en la mano una
pequeña bolsa azul de plástico con las siglas de IBERIA, líneas aéreas, vestía
camisa, chaleco y un traje que seguramente llevaba mucha tralla encima, pero,
lleva unas magníficas botas de cuero grueso, negras, con una suela de cuero
sólida, y muy gruesa también. ¡Que contraste!
Llegamos en silencio a una esquina, allí entre estas dos calles, tomamos
caminos diferentes, yo caminaría quince minutos a pie hasta casa, a paso
ligero, él cogía el metro para llegar a la suya, lo vi perderse por las
escaleras del metro de la Plaza España.
He
estado tres meses trabajando a su lado, casi sin decir palabra, rectificándome
trabajos y haciéndome breves indicaciones otras, comienzo a conocer el trabajo
bien, estoy a gusto a su lado, no entiendo como es que casi nadie lo soporta,
supongo que es el desconocimiento de su personalidad. Federado, mañana Paquito irá a trabajar a la
sección de conservación de maquinaria.
Ni hablar, lo dejas aquí conmigo, me hace falta, búscate a otro. El dueño del taller no ha contestado palabra,
ha dado media vuelta, se marcha mascullando no se qué. Gracias Federado, se lo agradezco mucho, estoy
muy bien con usted. Venga calla y
trabaja, que vamos atrasados con las pruebas para la prensa.
Le
cuento a mi padre como es este hombre singular, se sonríe, me dice que en los
talleres mecánicos, la gente es así. Mi padre trabaja en otro taller, lejos de
casa, no viene a comer, llega por la noche rendido, el pobre. Hay trabajo pero
es duro y mal pagado, de manera que, debe hacer muchas horas extras para poder
traer un sueldo decente a casa. Paquito,
pégate a los pantalones de este señor, te enseñará mucho del oficio. No sé exactamente a qué oficio se refiere,
pero mi padre me dice que por lo que le cuento, debe de ser matricero, un buen
oficio que con los años desaparecerá, cada vez hay más maquinas que hacen el
trabajo de forma automática.
Federado,
a mis padres les gustaría conocerlo, ¿qué le parece si un sábado viene a casa a
comer y pasamos la tarde juntos?, lo pasará bien, mi familia es muy agradable,
no es que yo lo diga por decir… No
puedo, tengo cosas que hacer los días de fiesta. Ahí se termina la conversación, no se lo he
dicho en horario de trabajo, me podría haber soltado algún moco, he aprovechado
el momento de salir del taller, camino de casa. A fuerza de insistir durante
unas semanas, al final, ha aceptado, estoy jubiloso, es todo un logro para mí
haberlo convencido.
Después
de comer, Federado se ha ido abriendo un poco más, tiene muchas cosas en común
con mi padre, es republicano, y mi abuelo que también lo fue, estuvo en la
guerra de África, se sintió traicionado cuando algunos mandos que estaban en
aquella guerra, se pasaron con Franco a la península, para dar el golpe de
estado. Estos temas le han abierto el apetito de hablar, de esta forma conozco
un poco mejor a mi superior en el trabajo, a Federado. Resulta que su nombre es
puramente republicano, su padre sufrió el paso por las armas, lo fusilaron por
haber puesto a sus dos hijos nombres republicanos, Liberio era su hermano
mayor, murió en una refriega entre fascistas y republicanos cuando era muy
pequeño, su madre murió en un penal, y herida en un pulmón por una bala, pero
nunca se supo si fue una bala republicana o fascista. Apreta las mandíbulas
cuando lo cuenta, luego añade… Pero
quedo yo, a mí ya no están a tiempo de matarme esos perros, moriré de cualquier
otra cosa… pero esos, no me matarán. Levanta la cabeza, orgulloso, por un
momento, me da la impresión que es un rostro de acero bruñido, como los que
están expuestos en los pedestales de los museos, incluso las marcas de viruela
esparcidas por toda su cara, le confieren un aire de dignidad, y junto a este
nombre que tiene, seguro que tiene que haber una gran historia que algún día,
con paciencia, descubriré.
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