domingo, 8 de junio de 2014

CADA LOCO CON SU TEMA.

                          CADA LOCO CON SU TEMA.


He estado un par de meses ingresado en una residencia de ancianos, no es que sea muy viejo, pero necesitaba determinadas atenciones, por razones que no vienen al caso. Ha sido toda una experiencia estar allí, no es que lo recomiende a nadie, para nada, sin embargo, si estás lúcido, dentro de los parámetros de la cordura, te das cuenta de lo que es y como es la gente.
Allí todo el mundo va a su puta bola, el que se mea se mea, para eso lleva pañales, el que se caga también, y el que grita o maldice, el que insulta o le da de bofetadas al vecino o vecina, se las da, las asistentas que están más o menos al tanto de estas situaciones, no pueden evitar algunos de estos desmanes. Tienen que hacer las camas, mientras otras cambian los pañales cagados a otros, otras están atendiendo el servicio de la cocina y otras la medicación que cada cual debe tomar a determinadas horas. Toda una tarea, las ves arriba y abajo, cogiendo el ascensor y llevando ropa a lavar al terrado, donde está la gran máquina de lavar, mientras, tienden las sábanas al sol y las toallas, que son muchas y de varios tamaños. Hay internos que no se quieren levantar de la cama, porque no les da la gana, con un par de huevos se plantan sobre ella y nadie tiene huevos de arrancarlas de allí, si se les obliga se ponen a gritar como locas, y ya tienes a todo el gallinero alborotado, una se pone a llorar, la otra a cantar, la de más allá a gritar como la primera... y aquel lugar se convierte en lugar de una residencia, en una jaula de locos. Les dan sedantes y algunos logran calmarse, pero a otros, estos calmantes les sirven de estimulantes oye, que lo he vivido en primera persona, no es ningún cuento. Además, un grumo en el puré que se les da de comer, o que a la que sirve las mesas se le olvide de darle el pan a alguien, ya la tienes liada, montan unos poyos del copón, eso si no les da por cagarse en los pañales en pleno condumio, allí todo está cerrado, por seguridad más que nada, así que imagínate la que se lía.
No podía quedarme más tiempo allí, de haberlo hecho, habría acabado antes de tiempo, con las pocas luces que me puedan quedar. En este lugar, no hay jardín para pasear, ni por delante ni por detrás, es una jaula, los allí internados que no pueden salir por sus medios a la calle, languidecen, hibernan todo el año como los osos polares lo hacen seis meses al año, ellos, los osos tienen justificación para eso, las madres paren y crían a sus oseznos que salen al sol pasados tres o cuatro meses después, pero los pobres abuelos, que se pasan todo el año dentro de aquella casa, tienen un color macilento, no les toca el sol ni en broma, se pasan el día del comedor a la sala de juegos y trabajos manuales, y luego a unas cuantas butacas esparcidas por la residencia hasta la próxima hora de la comida. De puta pena, vistas las cosas así un día le pregunté a la directora de la residencia, que como era, que no había arreglo alguno para que estas personas salieran a la calle, a la plaza de delante de la residencia, la Plaza de la Iglesia, pues está, fachada contra fachada de la misma, allí hay unos árboles, moreras, y una especie de conífera que desconozco, pero cuando hace bueno, hace sol y no hace demasiado frio, se está muy bien, sentados en los bancos que el ayuntamiento colocó en su día allí. Solo somos cuatro o cinco los que nos podemos dar este lujo, los que todavía tenemos buenas piernas para andar y la cabeza todavía nos rige. Me contestó Isadora, que es que no tenían suficiente personal para esa labor, jódete, esa fue la explicación, el personal, coño pues que cojan a alguien más para eso ¿no?, que para eso pagan aquella gente, puñetas. Oye, que no es ninguna broma pagar mil quinientos euros más i.v.a, y los pobres  metidos en aquella jaula de piedra trescientos cincuenta días al año, que no sé como algunos no crían geranios en el pelo. Hay unos cuantos de los ingresados allí, que como no se dan cuenta de las cosas, se les ducha una vez a la semana, no es porque las asistentas sean unas guarras, es que no pueden llegar a todo, un equipo de seis personas que rota para hacer la faena, no la puede completar, ¡que son veinticinco personas las que están ingresadas!, no son diez, ni quince, veinticinco personas son muchas, con todo lo que hay que hacer.
Mientras estuve allí –solo dos meses-, se formaron unos pitotes de no te menees, les metían la bronca tanto la directora como la dueña a las asistentas, delante de todo el mundo. Cierto que la mayoría no se enteraban de lo que sucedía, están con la cabeza ida, pero otros no, los tres compañeros de mesa en el comedor, aunque hay cuatro sillas, nos dábamos cuenta de todo, hasta algunas veces lo comentábamos entre nosotros, Pere no había hecho saber que cada vez estaba más a disgusto, por eso y otras cosas, por ejemplo, cada mañana a eso de las siete, el hombre entraba en el baño y se duchaba,  todos los días, sin falta, pues bien, si coincidía que yo me estaba duchando en mi baño a la misma hora, unos de los dos se tenía que duchar con agua fría, ahí es nada, aquella agua, parecía que llegara directamente del deshielo, fría de cojones, ya me oías a mí o a él, a las siete de la mañana, soltando sapos y culebras por la boca. Se lo hice saber a la dueña, nos conocemos desde hace muchos años, por eso le solicité ir a su centro, que todo hay que decirlo, me recibió con las manos abiertas y me dio la mejor habitación de la residencia, además, bastante aislado de los demás, podía fumar sin problema, es mi único vicio. Oye que por la mañana cuando me ducho guapa, hace un frio de cojones, el agua está fría que para que te cuento. No te preocupes, esta tarde hago venir al lampista y lo soluciona. Y sí que vino, las cosas como sean, dijo que el filtro no se había limpiado nunca, que había cambiado una válvula, y alguna otra cosa más. Me dije, ahora nos ducharemos a gusto hostias. Pues nada de nada tú, a la siguiente mañana, más de lo mismo, el agua fría y de golpe caliente, ardiendo que te despellejabas vivo, pensé, ojalá no hubiera venido el puñetero lampista, ahora es peor que antes. Ya no volví a sacar el tema, ¿para que, de que hubiera servido?, un día subí a la terraza de arriba de la residencia, el problema estaba allí, una bomba para subir el agua de la calle y ninguna para impulsarla hacia abajo, y nosotros, Pere y yo, estábamos a dos metros de altura de los dos depósitos de mil litros de agua, ahí radicaba el problema.
No sé que más contar de aquella dolorosa experiencia de reclusión voluntaria, en mala hora escogí ese lugar, claro, piensas que hubiera podido ser peor, pero es que por el mismo precio hay residencias con apartamentos privados para gente como yo, ya no digo para personas que se pueden largar, o que pueden hacerse daño ellos mismos, estos tienen que estar en lugares controlados continuamente, pero ese no era mi caso, así que, finalmente decidí, con ayuda de mi esposa, ir a vivir a un lugar mas cercano a casa, a casa de mi esposa, un piso, a casa no puedo volver, cuestiones de familia lo impiden, es difícil entrar en detalle de los motivos, pero valga decir que de no haber marchado de mi casa cuando lo decidí, mi mujer hubiera acabado medio loca la pobre, la influencia de los hijos, todos mayores, dos de ellos con hijos, habrían terminado por menoscabar nuestra relación, aunque lo cierto es, que ahora nuestra relación es casi nula, llamadas por teléfono y una visita a la semana a mi casa. Salimos a comprar, nos regalamos alguna cosa de vez en cuando –la economía no está para bromas-, y hablamos de cosas intrascendentes, pero no puedo quejar, al fin y al cabo fui yo quién decidió que no debía interponerme entre ella y sus hijos. ¿Tú que escoges? A mis hijos, me dijo, normal, a sus hijos los ha parido ella, y a mí, me conoció por determinadas circunstancias.
De ser como un padre para ellos, los tres hijos de mi mujer, he pasado a ser un demonio, seguro que he hecho cosas impropias que han llevado a este resultado, sin embargo, a pesar de haber pedido perdón si en algo les he ofendido, hasta de suplicar que vinieran a hablar conmigo para que me expusieran sus quejas, nadie ha dicho nada, la callada por respuesta, el desprecio, la falta de dialogo, no me han dado cuartel, fuera de aquí en pocas palabras. Y menos mal que me di cuenta y me fui, aunque el contrato del alquiler del piso en el que vive actualmente mi mujer, va a mi nombre. Pudiera haber dicho: “Pues el que no quiera vivir aquí, a la puta calle…”, pero eso no lo podía hacer por el bien de mi mujer, la amo como el primer día, y eso me deprime bastante. ¿Qué te parece?, dos matrimonios y los dos fracasados, tres hijos de mi primer matrimonio que en quince años de divorcio de su madre, solo se acercaron a mí, para ver si podían obtener algún beneficio material, y lo obtuvieron vaya que sí, pero después de eso, ya renegaron de mí, hasta mi único hijo varón, el menos de los tres se ha cambiado el nombre para no tener el que se le puso cuando nació.
¡Cuantas cosas debemos ir revisando a lo largo de la vida!, damos por sentadas determinadas situaciones, pensando que todo va bien, cuando en realidad, en la mente de los que te rodean, hay conceptos que vas olvidando, cuestiones vitales que hacen que la falta de reflexión en ellas, acaben destruyéndote. Además de todo eso, está el factor de la confavulación, me consta que entre los hijos, a menudo, hay conversaciones y acuerdos tácitos, que les llevan a tomar la misma determinación, en este caso concreto, “Deshazte de ese hombre por tu bien, nosotros cuidaremos de ti”. Y es aquí donde se equivocan, una persona, no puede dar de mamar a un bebe, y dar de comer a las gallinas a la vez. Es absurdo, es engañarse a si mismos, ellos tienen sus problemas, sus vidas, ¿cómo y de qué manera se pueden comprometer a extender sus brazos para hacer tantas cosas a la vez?, imposible, sencillamente se están contando a si mismos un cuento, una fábula que no deja de ser más que eso, una fábula, que tiene su moraleja, eso es evidente, y esa moraleja es, “Bueno solo es una sugerencia, no te lo tomes demasiado a pecho”.
Mitad realidad, mitad ficción, partes ciertas, otras inventadas, que forman un todo unido, a nuestra madre la queremos para nosotros solos, no la queremos compartir con nadie. Se crea alrededor de ella una tenaza que no la deja respirar, su madre se ahoga, está nadando en un rio de lodo, no de aguas limpias, y todo lo que está a su alrededor, comienza a ser excitante y amenazador, dudoso. Cuando llegas a la vida de alguien con un historial como el mío, la gente de tu alrededor, tu nueva familia se inquieta, en mi caso, mantuve una relación adultera con mi actual mujer, mientras estaba casado con mi primera mujer. Cuando nos fuimos a vivir juntos, en compañía de su hija pequeña, comenzaron a surgir las dudas ¿y si le hace a nuestra madre lo mismo que estuvo haciendo en su primer matrimonio?, este tío es un prenda. Y ciertamente lo era, llegaba de una vida llena de sinsabores y desconfianzas mutuas, de rebeldías, de intereses económicos que entorpecían cualquier determinación con poner fin al matrimonio, –me estoy refiriendo a mi primer matrimonio-, llevábamos una buena vida, estable económicamente, siempre me he preciado de ser un buen trabajador, pero nuestras vidas comenzaron a tomar distintos derroteros, en lo económico y en lo sexual. Eso fue lo que hizo que fracasáramos, eso y la enfermedad que por circunstancias de la vida, me dejó en manos de médicos, de forma permanente, hasta el día de hoy.
¿Qué futuro le espera a nuestra madre si este hombre pierde la cabeza? Es en la cabeza donde reside mi mal por causa de un accidente, una enfermedad progresiva, que es implacable, que te deteriora, que te hace perder la memoria, que hace que tu cerebro no te avise y te meas inconscientemente encima de vez en cuando, que te procura ataques epilépticos, ¿quién querría vivir con una persona así?, nadie, sin embargo, mi mujer actual aceptó las consecuencias de todo esto. Y ahora, ¿en qué problemática se encuentra?, en la de tener que decidir si hace caso a sus hijos o se queda conmigo como estoy, aceptando que en el futuro, las cosas no van a ir a mejor medicamente hablando.
Una disyuntiva muy complicada, lo siento por mi esposa, pero supongo que también ella, se estará preguntando lo mismo que yo, en que va a terminar esto, sabe que no voy a volver a casa de nuevo, ya tengo la mía, si en el futuro necesito atenciones que ella no me pueda dar, como es de suponer que suceda, no la podré ayudar económicamente, me tendré que procurar ayuda por mi cuenta, eso me angustia mucho, estoy dispuesto a compartir mi pensión con ella, con tal de que no tenga necesidad de trabajar tanto, pero en el futuro no sé que puede pasar. Ella dice de buena fe, que no me preocupe por el futuro, que sea el que sea, cuando llegue la hora ya se solucionará, yo lo veo de otro modo.
¿Qué pasará, si en el futuro, tengo que cerrar el grifo de la ayuda que ahora le estoy brindando? Supongo que seré el malo de la película, el protagonista de todos sus males, el hacha de su destrucción, eso es lo que pensarán sus hijos, aunque a mí me importa bien poco lo que ellos piensen, ahora, me obligan a que los trate, como meros desconocidos, en consecuencia, el día de mañana, no serán más que eso para mí. Y todo, por no haber sido, la persona que ellos esperaban que yo fuera, para su madre. Como si hubiera un patrón preconcebido del comportamiento de las personas, como si tuviéramos que ser siempre, lo que los demás quieren que seamos. ¡Menuda estupidez!, claro está que, ni ellos mismos pueden predecir lo que van a ser o hacer en el futuro, pero claro, ellos son mucho más sabios que uno, no mienten, no fracasan, en todo son perfectos, siempre van de cara por la vida, mira lo que pienso yo de eso, ja,ja,ja, me rio en sus barbas.
No los odio, el odio es un defecto fruto de los despreciables, de los necios, de los que actúan sin pensar. Solo odio el mal que las personas podamos producir por nuestros actos, para eso somos humanos, y humanos imperfectos, desde el día que salimos del vientre de nuestras madres. Quién se vea superior a los demás sin pensar en ello, está perdido, más predispuesto a fracasar en algún momento de su vida, como me ha sucedido a mí.
Estamos todos un poco locos, esa es una realidad probada, la locura es una de las necesidades, que los humanos tenemos que aceptar en nuestras vidas, sin cierto grado de locura, nuestros esfuerzos por vivir no servirían de nada, seríamos autómatas, títeres de alguien que nos usaría a su antojo. Hace falta estar un poco loco para ser capaces, para progresar, sostener que somos de carne y hueso, y por esa razón nos equivocamos, sean diez o diez mil veces, no hay límites en lo que toca a los seres humanos, la locura es por tanto, desde mi punto de vista, combustible que nos hace seres personalizados, auténticos, a veces estúpidos, en ocasiones sagaces, otras tantas insignificantes.

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